No dejemos la economía en manos de los tecnócratas por J.Stiglitz.

Es un artículo publicado en Mayo del 2004:

Dado que todo proceso económico involucra compromisos de distintos sectores, las decisiones deben ser de carácter político. El grado de independencia de los bancos centrales se juega en esa negociación.

Todo análisis económico está hecho de compromisos. Los economistas hablan de eficacia. Cuando tratan de describir esos compromisos, explican la incidencia de las decisiones sobre tal o cuál grupo social y cómo las diferencias políticas imponen más riesgos a unos que a otros.

Ahora bien, dado que hay compromisos, las decisiones deben tomarse en el marco de un proceso político. No se las puede delegar en burócratas o tecnócratas. En mi opinión, ese es uno de los problemas fundamentales que enfrentan las democracias del mundo entero.

En la actualidad, los tecnócratas se benefician de la reiterada delegación de decisiones que deberían formar parte de procesos democráticos. Se trata de un tema importante dado que, de cierta forma, tal delegación pasa a formar parte del proceso político, y la forma en que esa delegación se lleva a cabo hace que se privilegien determinados intereses. En otras palabras, en ese proceso de delegación hay prioridades políticas.

Es algo que vemos de manera recurrente, sobre todo en el contexto de los bancos centrales europeos y en los países en los que hay bancos centrales independientes.

Se podría considerar la posibilidad de un banco central independiente, pero sería necesario que contara con diversos mandatos de modo tal de asegurar, por ejemplo, que se escucharan distintas voces en el proceso de toma de decisiones. Sin duda eso podría tener incidencia en los resultados.

Sin embargo, en la mayor parte de los países —en la mayor parte, no en todos— se hicieron las cosas de tal manera que el banco central independiente termina por recibir un mandato para servir a determinado grupo de intereses. Se trata de una suerte de candado. Se condena así a determinadas políticas económicas a servir a los intereses de algunos grupos en detrimento de otros.

Voy a ilustrar lo que digo con algunos ejemplos. Ante todo, la cuestión del mandato. En Europa, el Banco Central Europeo tiene que hacer hincapié en la lucha contra la inflación. Sin embargo, es un mandato extraño. La lucha contra la inflación no constituye un fin en sí misma; no es sino un medio de avanzar hacia un crecimiento económico más estable o menos estable, una mejor o peor distribución de la riqueza. En sí misma, sin embargo, la inflación no tiene que ser un objetivo excluyente.

En los Estados Unidos, la misión de nuestro banco central, la Reserva Federal, es demostrar interés por la inflación, pero también por el desempleo y el crecimiento. El trío inflación-desempleo- crecimiento es algo muy respetado en la política estadounidense.

Cuando presidía el consejo económico del presidente Clinton, un senador de Florida propuso cambiar la carta de la Reserva Federal. Propuso que hiciéramos lo mismo que los europeos: que no nos interesáramos más que en la inflación. En mi condición de presidente del consejo le dije: “Vamos a incorporar este proyecto a la campaña; vamos a preguntar a los votantes qué es lo que quieren. ¿Vamos a preguntarles si les interesa o no el desempleo? ¿El pueblo estadounidense considera que a la Reserva Federal no debe interesarle más que la inflación o piensa que el empleo y el desempleo también son importantes?” Así se expresó el presidente, y el senador de Florida contestó que sólo lo había dicho en broma, que era sólo una idea que había puesto sobre la mesa para iniciar el debate. Sin duda la idea se derrumbó con gran rapidez. No hubo un debate serio en el Senado respecto de la posibilidad de efectuar una enmienda a la carta de la Reserva Federal.

La cuestión de la representatividad es algo similar. Aunque sea independiente, se puede contemplar que tenga voces representativas de los distintos sectores de la sociedad. Cuando se toma decisión —por ejemplo, sobre las tasas de interés—, eso puede tener incidencia en la inflación, pero también en el desempleo. Y a los trabajadores sin duda les preocupa mucho más la estabilidad del empleo.

Los representantes de los bancos centrales son personas que trabajaron en los mercados financieros, que suelen tener una estabilidad laboral y a las que no les preocupa el índice de desempleo.

Sensibilidad política

Un día fui a una reunión con funcionarios de bancos centrales. Los escuché hablar. Decían: “Ah, bueno, hay compromisos, hay riesgos, ciertos errores son difíciles de corregir y tienen consecuencias a largo plazo”.

Yo pensaba que alguna de esas personas iba a decir que teníamos que combatir el desempleo porque si alguien pierde el empleo eso tiene una serie de consecuencias, como que sus hijos no pueden ir a la escuela, y que los estudios nos muestran esas consecuencias a largo plazo. Pero no, lo que dijeron fue que teníamos que luchar contra la inflación porque si no lo hacíamos no se sabía que podría pasar.

Los economistas tienen distintos puntos de vista sobre esta cuestión, pero lo que es claro es que las responsabilidades definen los puntos de vista. La vida personal de cada uno incide sobre lo que dice. En la mayor parte de los casos, los trabajadores no tienen nada que decir sobre la política monetaria.

Sin embargo, hay algunos países que son un ejemplo de lo contrario. En Suecia, un representante de los trabajadores integra el consejo del banco central. Se escucha así una voz que habla a favor de la lucha contra el desempleo. Hay países en los que se reconoce que los mercados financieros constituyen un grupo que tiene intereses específicos, y no se quiere que dominen el consejo del banco central. Tampoco se permite la presencia de los mercados financieros. Sólo se acepta a aquéllos que tienen una opinión neutral.

La universidad es neutra. Como en cierto modo es a eso a lo que me dedico, me hace sentir algo incómodo hablarles de ello. Lo que hay que saber es que la independencia es posible en el marco de un mandato más amplio, en el de un banco central más representativo. En mi opinión, un banco central más representativo es más democrático y más independiente.

En los Estados Unidos tenemos un banco central independiente, más democrático que en Europa y que en algunos países. Dos veces por año el responsable del banco central debe presentar un informe de actividades ante el Congreso. Y las cosas no terminan ahí. En un famoso discurso, un ex responsable de la Reserva Federal dijo: “El Congreso nos creó, el Congreso puede destruirnos”.

En otras palabras, sin duda el banco central estadounidense tiene sensibilidad política a pesar de su independencia. Si permitiera que el desempleo se desbocara, su carta sufriría un cambio. Eso sería ineluctable, dado que actuar de esa forma sería antidemocrático. La Reserva Federal, por lo tanto, si bien es independiente, es muy sensible en términos políticos, mucho más que gran número de bancos centrales, en especial el Banco Central Europeo.

Por otra parte, hay que tener en cuenta algo bastante desafortunado: que los directores de los bancos centrales tienen infinidad de competencias pero que, en realidad, las mismas no existen. En la mayor parte de los países, no son necesariamente los mejores economistas los que ocupan los mejores lugares para emitir opinión en materia de macroeconomía. El resultado de todo eso es que muchos bancos centrales no producen estabilidad ni crecimiento.

Si se observa el caso de diferentes países, se percibe que, la mayor parte de las veces, los bancos centrales independientes que hacen hincapié en la inflación lograron una cosa: reducir la inflación (de no haberlo conseguido, la situación sería aterradora).

La cuestión, sin embargo, es saber si se aceleró el crecimiento. ¿Aumentaron los sueldos? ¿Bajó el desempleo? ¿El desempeño real es mejor?

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